Dinamarca vuelve a ser noticia por rebelarse contra el Big Tech. Esta vez, de la mano del Ministerio de Cultura y en el contexto del desarrollo hiperacelerado de la inteligencia artificial generativa (IAGen), que hace que resulte más sencillo que nunca crear vídeos, imágenes o audios falsos pero de apariencia creíble y, en bastantes ocasiones, con propósitos vejatorios. 2026, sin embargo, ya no es 2014. Preparar un montaje digital y ponerlo en circulación cuesta hoy muy poco esfuerzo y su impacto ya no se circunscribe al perímetro de las redes sociales.
Lo resumía días atrás Margaret Mitchell, ex codirectora del departamento de Ética de Google. «Está aumentando un riesgo singular: la creciente dificultad para distinguir entre realidad y ficción. La IA generativa ha simplificado la creación de contenido que parece auténtico sin serlo. La falta de estándares de divulgación o marcas de agua impide saber si algo fue generado por IA y, de hecho, gran parte del público ni siquiera lo desea», subrayaba.
Coincidiendo con su presidencia de turno de la UE, Dinamarca decidió el pasado verano reformar la Ley de Propiedad Intelectual (Ophavsretsloven) para poner coto a las ultrasuplantaciones. Preocupado no sólo por la difusión masiva de fotos y clips con contenido sexualmente explícito, discursos difamatorios contra cualquier minoría, noticias falsas y declaraciones políticas manipuladas, sino también por el aumento de ciberataques que utilizan ingeniería social y tecnología punta para robar información personal o financiera, el ministro Jakob Engel-Schmidt se puso manos a la obra para sacar adelante una normativa pionera en Europa: la que sitúa lo relativo a la protección de la identidad biométrica en el marco de los derechos de autor. En virtud de ella, la voz, el rostro y la apariencia física de cada danés tendrán la consideración jurídico-económica (copyright) de un libro o una película.
Tras incorporar diferentes enmiendas, la nueva ley iba a entrar en vigor el próximo 31 de marzo. La convocatoria anticipada de elecciones presidenciales anunciada hace un para de semanas obligó a suspender de momento su aplicación. En cualquier caso, y dado que el borrador había recibido un apoyo multipartidista unánime, lo lógico sería que el ejecutivo entrante lo retomase a pesar de tener que presentarlo de nuevo ante el Parlamento.
Copenhague aspira a convertir este blindaje en un estándar europeo. «Estamos enviando un mensaje inequívoco: todo el mundo tiene derecho a su propio cuerpo», declaró el titular de Cultura en la presentación del borrador. «Los seres humanos pueden ser introducidos en una máquina fotocopiadora y utilizados indebidamente para todo tipo de propósitos, y no estoy dispuesto».
El enfoque danés se sustancia en varias cuestiones clave. Por ejemplo, la introducción de apartados específicos para el público en general (artículo 73-a) que restringen el uso no autorizado de la imagen o la voz de otra persona en montajes generados con IA. O la disposición separada para artistas o intérpretes (artículo 65-a) que extiende el amparo de sus obras frente a copias o manipulaciones sin autorización a los 50 años posteriores a su muerte.
«Corremos el riesgo de convertir nuestra democracia en una lucha de ‘deepfakes'»
Ricard Martínez, profesor de Derecho Constitucional de la Universitat de València
El mencionado artículo 73 de la ley danesa marca una excepción para las reproducciones que sean «una expresión de caricatura, sátira, parodia, pastiche, crítica al poder, crítica social, etc», a menos que la imitación constituya desinformación que pueda perjudicar gravemente los derechos o intereses de terceros.
Al dejar de hablar de privacidad para hacerlo de propiedad, Dinamarca abre una vía paralela en dicha tradición y adopta un enfoque singular por empoderador y coercitivo. Según sus impulsores, la normativa facilitará el emprendimiento de acciones legales contra las dichosas ultrasuplantaciones. Así, los ciudadanos tendrán derecho a exigir la eliminación del material infractor en la plataforma tecnológica que lo albergue. En caso de no hacerlo con prontitud tras ser notificadas, dichas plataformas podrían enfrentarse a severas multas por parte del organismo regulador danés y a la exigencia de elevadas compensaciones económicas por parte de los usuarios afectados.
«Estamos dispuestos a tomar medidas adicionales», dejó claro Engel-Schmidt en verano. En caso de que las megacorporaciones tecnológicas se pusieran de perfil, el asunto podría incluso llegar a la Comisión Europea. «Por eso creo que se lo tomarán en serio», vaticinó el ministro.
Los tecnólogos daneses habían observado que las solicitudes de retirada de contenido en plataformas como Instagram y TikTok rara vez se ejecutan. La justicia restaurativa que demanda el ciudadano común suele terminar en el limbo. «Algunos proveedores fomentan activamente la generación de deepfakes; otros, pasivamente, la permiten», admite el profesor Anders Søgaard, experto en Procesamiento del Lenguaje Natural y aprendizaje automático de la Universidad de Copenhague.
«Creemos que esta protección nos brindará mejores condiciones para hacer valer los derechos de los usuarios», concuerda Thomas Heldrup, responsable de Protección y Cumplimiento de Contenido de la Alianza Danesa por los Derechos.
La reforma de la Ophavsretsloven podría verse como un puerto refugio frente a las deficiencias de la Ley de Servicios Digitales (DSA, por sus siglas en inglés), aprobada por la UE en 2022 y criticada por demasiada vaga. También podría como un cortafuegos casi desesperado frente a la tecnología empleada con fines espurios.
«Hay cosas que creía que estaban claras desde el Derecho Romano. Pero si le estamos dando personalidad jurídica al Mar Menor y derechos a los animales…»
Borja Adsuara, abogado experto en Derecho Digital
Siendo grave, el vishing o fraude telefónico con voz clonada parece rudimentario al lado de los prodigios que puede obrar la IA generativa. A la consultora Arup le estafaron hace un año 25 millones de dólares después de que un empleado de su departamento de Contabilidad creyera que estaba hablando por videollamada con un alto directivo, y no con su copia digital. El fabricante de coches Ferrari estuvo a punto de sufrir un timo similar, frustrado in extremis cuando un empleado formuló al falso directivo una pregunta que sólo el de carne y hueso sabía responder.
Lo que viene es aun más peliagudo. A mediados de 2023, la startup Worldcoin –cofundada por Sam Altman, el padre de ChatGPT– logró que miles de jóvenes de todo el mundo se dejaran escanear el iris a cambio de unos tokens valorados en torno a los 100 euros. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) se vio obligada entonces a lanzar una advertencia a Worldcoin.
«Lo que plantean los daneses es extraordinariamente interesante. Hay que ir hacia una mayor regulación de la identidad digital y hacia una mayor protección de nuestra imagen», reconoce Ricard Martínez, profesor de Derecho Constitucional de la Universitat de València y director de la cátedra de Privacidad y Transformación Digital. «Corremos un riesgo sistémico al permitir que grandes corporaciones controlen aspectos de nuestra personalidad que han necesitado del poder coactivo y normativo del Estado y sus instituciones para garantizar las libertades de todos. Corremos el riesgo de convertir nuestra democracia en una lucha de deepfakes y manipulaciones goebbelsianas. Personalmente, me alineo con los Estados que están empezando a poner límites. La aplicación de esta ley debería ser inmediata y urgente».
Martínez explica que hemos llegado a la situación actual después de una serie de carambolas. Primero, los operadores de las redes sociales nos convencieron para que les cediésemos alegremente nuestros datos para categorizar usuarios (profiling) y realizar estudios de mercado. Después, parte de esa información acabó generando un negocio millonario para dichos operadores –el de la publicidad personalizada– ante el que los reguladores no actuaron. Por último, el nulo esfuerzo programador para asignar a las imágenes una identidad rastreable y el sprint de la IAGen han provocado el aluvión de ultrasuplantaciones. «Son 20 años de un problema mal resuelto», resume.
Borja Adsuara, abogado experto en Derecho Digital, considera que la ley danesa está «mal enfocada» y alega que el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen están suficientemente salvaguardados en España por el artículo 18 de la Constitución, la Ley Orgánica 1/1982 y el Código Penal. «Tu imagen no es una creación tuya, por mucho que seas un artista y te maquilles para construir un personaje», aclara. «Hay cosas que yo creía que estaban claras desde el Derecho Romano. Pero si le estamos dando personalidad jurídica al Mar Menor y derechos a los animales…».
La estrategia danesa también comporta riesgos o podría tener consecuencias imprevistas. Los derechos al honor y a la intimidad personal y familiar son inalienables, pero los derechos de imagen sí se pueden explotar económicamente, como hacen los futbolistas o las modelos. Para evitar que le sucediera como a Scarlett Johansson, víctima de deepfakes porno y del descaro de OpenAI –dotó a ChatGPT de una modulación muy parecida a la suya como sistema operativo en la película Her–, Matthew McConaughey ha acudido a la Oficina de Patentes y Marcas de EEUU (USPTO). Allí ha sido el primer intérprete en registrar su voz, su imagen y la frase («Alright, alright, alright») que lo catapultó a la fama. McConaughey no es un odiador algorítmico; de hecho es inversor de ElevenLabs, una compañía-catálogo que pone al alcance voces de personalidades con todas las garantías legales.
Mucho peor le ha ido a su colega danés Mads Mikkelsen. El Departamento de Seguridad Nacional estadounidense posteó en su cuenta en X el pasado diciembre el baile borracho del actor en la película Otra ronda para celebrar el éxito de sus redadas contra inmigrantes sin papeles. El estudio Zentropa exigió la retirada del clip, enfatizando que el uso no autorizado de la escena de su filme violaba la Ley sobre Propiedad Intelectual. Seguridad Nacional notificó en otro comentario que seguiría publicando «sobre Mads» hasta que mejorase «el ambiente», en la línea de los mensajes del presidente Trump en Truth Social.
Fuente: El Mundo